─ ¡Maldición! No llegaré a tiempo.
Una pelirroja decía esto mientras un desorden se asomaba a su paso, la noche anterior había estado despierta hasta que dieron las 3 de la madrugada, por lo tanto era más que obvio que se hubiera quedado dormida y no escuchara su alarma a la hora que debía de haber despertado.
Crista Lake era la típica chica de 19 años que tenía toda su vida planeada, pero últimamente su orden parecía haber perdido su rumbo habitual. Desde que se había mudado a vivir sola para la universidad, todo se le hacía un tanto complicado. Con solo cinco minutos para las 7 de la mañana, salía de su departamento compartido, corriendo. Se le había hecho demasiado tarde y se arrepentía de ello.
Una vez que tomo el colectivo, el cual para su desgracia iba demasiado lleno. “Perfecto” pensó, ¿Qué más le saldría peor? Quitando en cuenta que esta vez iba a lo natural, su vestimenta había consistido en lo primero que encontró y por lo tanto no se había fijado si combinaba o no, en cuanto a su rostro, sus ojeras eran más que notorias. Llegó a la universidad después de quince minutos, volviendo a correr y así llegar hasta su salón para tocar la puerta que ya estaba cerrada. Maldijo una vez más, sin embargo la puerta se abrió dando a su paso a su docente.
─ Señorita Lake, si no mal recuerdo la hora de entrar a mi clase es a las siete, no quince minutos después.
Ahí estaba la profesora de Diseño, aquella a la cual para muy su desgracia le hacía la vida imposible a todos los que cursaran y aquel día estaba predicho que le tocaba a ella. Maldiciéndose para sí misma, le dedico la mejor excusa que podría haber dicho.
─ Lo siento mucho, sé que su entrada a clase es a las siete y sé que mis disculpas no son buenas, pero está será la primera y última vez que yo llegué tarde a una de sus clases.
Lo había dicho, ahora solo faltaba que aquella mujer le permitiera entrar. No es que las clases de ella fueran lo mejor del mundo, pero era parte crucial de su carrera lo que se veía ahí, además de que no deseaba por nada del mundo tener que cursar nuevamente aquella materia.
─ Está bien, puede entrar, pero esta será la única ocasión y todo es debido a sus excelentes calificaciones.
Un leve suspiro salió por sus labios, lo había conseguido y estaba feliz por ello. Inmediatamente entró al salón, sentándose a un lado de sus habituales amigos, Taylor y Rachel.
─ Creíamos que no te dejaría entrar Cris.
─ Lo mismo pensé Tay, estaba casi segura que no lo haría, pero al parecer tuve un poco de suerte.
─ Más que suerte diría que aquella mujer te tiene en su lista de predilectos, eres buena en lo que haces, así que supongo que dejo pasarlo por esta vez…
¿Por qué era amiga de Rachel? Buena pregunta se hacía siempre y más con aquel modo que tenía de ser tan directa. No es que le desagradara, pero también era un poco molesto el que ella dijera sus comentarios habituales, siempre criticando…
─ Gracias por tu apoyo Rachel, lo considerare las próximas veces.
Aquello había sido tan sarcástico, pero le molestaba y a pesar de siempre estar pasiva, llegaba un momento en el cual su grado de pasividad se convertía en malestar y una pelirroja como ella podía ser muy explosiva.
Se terminó de acomodar, dejando atrás la leve charla que había tenido con sus amigos. Sacó su cuaderno de hojas blancas, aquel que tanto le “gustaba”. Está bien, no le gustaba para nada, ya que siempre había estado acostumbrada a los típicos cuadernos de rayas o cuadros, pero su docente había sido de lo más específica al decir que para sus clases requería de ese tipo de cuaderno.
Empezó a tomar notas de lo que iba diciendo su profesora sobre algunos puntos específicos en su próximo proyecto que tendría a finales del mes. A noto cada uno de ellos, esta vez se trataría de una residencia, la cual la quería muy especial, tenía que ser del tipo fraccionamiento para gente con suficiente dinero para gastarlo en cosas innecesarias. No es que no le gustara aquello que iba a hacer, después de todo era una estudiante de arquitectura y aquello solo era uno de los mil proyectos que tendría que hacer en su etapa universitaria.
Después de una hora apuntando y tomando todo lo que le serviría de referencia, la profesora dio final a su explicación y los puso a que empezarán con la lista de necesidad y un diagrama, el cuál explicaría cada uno de los detalles como desde donde se iniciaba el acceso y así sucesivamente.
─ ¡Oye Cris! – susurro por debajo Taylor, haciendo que la pelirroja volteara.
─ ¿Qué sucede Tay? – contesto de igual manera en un susurro a su amigo.
─ ¿Te parece ir a comer después de la universidad, solo tú y yo?
Aquello no se lo esperaba, no es que no hubieran ido otras ocasiones a comer juntos, pero, siempre había sido junto con Rachel de igual manera, así que aquella pregunta le había hecho pensar un poco.
“Si serás tonta Crista” Taylor solo es tu amigo, nada más.
─ Claro Tay. – sonrió levemente, volviendo a poner su atención en su trabajo pendiente.
Dos clases después de aquello, al fin eran libres. Rachel había salido corriendo literalmente una vez que acabo todo, ni siquiera un adiós les había dicho, pero bueno, Rachel era Rachel.
Ahora estaban ambos caminando hacía un restaurant que Taylor le había dicho sobre comida Japonesa. Si algo era que le gustaba a Crista, era la comida Japonesa, en especial el Sushi.
Unos diez minutos más y llegaron al pequeño establecimiento. Inmediatamente fueron atendidos por una castaña, la cual les dio el menú.
─ Yo quiero el de camarón empanizado, por favor. Ah y un té. – le entregó su carta de menú a la chica, esperando que su amigo pidiera lo que iba a comer.
─ Igual que ella por favor. – sin más, volvió su atención a la pelirroja.
La castaña por su parte se fue, no sin antes dedicarle unas cuantas miradas a Taylor.
Crista sabía que Taylor era guapo y obviamente sabía que muchas mujeres estaban detrás de él, pero su amigo siempre las rechazaba, diciendo que ya tenía a alguien que le interesaba.
─ Te estaba mirando.
─ ¿Mirando? ¿Quién? – contestó Taylor.
─ ¿No me digas que no lo has notado? – sonrió por aquello, su amigo sí que era algo distraído. ─ La mesera Taylor, prácticamente te estaba comiendo con la mirada.
─ ¿En serio? No me di cuenta, me fijaba en otra cosa.
Aquello hizo que la curiosidad de Crista surgiera y sin más, pregunto.
─ ¿En la persona que te gusta? – le codeo un poco, esperaba que esta vez Taylor le dijera quien era la afortunada.
Pero él no le respondió, solo se limitó a desviar su mirada.
─ ¿Te puedo preguntar algo Cris? – aún seguía con la mirada en el lado opuesto.
─ ¡Claro! ¿Qué sucede Tay?
Se fijó en que su amigo estaba nervioso, al parecer lo que le preguntaría era muy importante o tal vez algo malo. Y fue ahí cuando Taylor se soltó lo que traía.
─ ¿Te has imaginado enamorarte hasta el punto de no saber qué hacer Crista?
Aquello sí que la había dejado totalmente fuera de su rango.
─ ¿Enamorarme? No, definitivamente eso no entra a mi vocabulario. Tal vez gustar, pero jamás enamorarme Tay.
Había dicho aquello sin pensarlo dos veces a su amigo, aunque un leve nombre surgió en su mente.
─ ¿Por qué la pregunta?
Ahora sí que estaba más que curiosa.
─ Nada en especial…bueno, sí. – lo vio otra vez ponerse nervioso, aunque ya no tan emocionado como antes. ─ Creo que me enamore Cris.
Oh, así que era eso.
─ En hora buena. ¿Quién es?
─ Es un secreto.
“Más secretos”, pensó la pelirroja.
─ Supongo que tendré que esperar hasta que me puedas decir. – dijo aquello un poco molesta, no le gustaba que le ocultaran detalles, pero decidió dejarlo por la paz.
─ Entonces… ¿nunca te has enamorado?
Ahora fue su turno de ella.
─ No Tay, nunca y no pienso hacerlo. – concluyo aquello, no le gustaba hablar de aquellos temas y menos cuando un nombre surgía en su mente.
Estúpido nombre.
─ ¿Por qué?
─ Es complicado, el amor es complicado y no deseo eso en mi vida.
Te estas mintiendo a ti misma Crista.
─ No creo que sea tan malo Cris, solo deberías de ver más a tu alrededor.
Como si quisiera hacerlo, no, no, gracias.
─ Lo pensaré, ¿vale?
─ Me entenderás el día que lo hagas Cris.
De nuevo le sorprendió aquello.
─ Puede ser Taylor...puede ser....-respondió ya no tan convencida de lo que había asegurado antes y más cuando su mente le ponía aquel nombre.
Ya no hubo más interacción, la mesera llegó con los platillos. Crista agradeció que llegara antes de que Taylor siguiera con sus preguntas y descubriera que no era del todo cierto aquello que la pelirroja decía.
Crista Lake

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